jueves, 23 de julio de 2015

El que busca encuentra (?)



Ese día despertó como cualquier otro. Sabía que iba más rápido que lo que el cuerpo le daba pero pensó que esa era la única manera posible de poder avanzar en lo que se proponía. Preparó una tostada, la taza de té que no llegaba al tope, y en menos de 3 minutos ya estaba afuera.
Mientras esperaba el San Martín, pensó que era su momento, que esa mañana nada podía pasar que fuera en contra de su deseo irrefrenable de voltear el rumbo. Pero que estúpido, si a fin de cuentas no depende de uno. No importaba, prefería pensarlo así. El viaje de 30 minutos lo tuvo enfrentado a una flaca de pelo castaño que lo puso incómodo. Por aquellos días, los vagones habían cambiado pero la densidad humana por metro cuadrado seguía siendo la misma. Cuando después de dos estaciones se aflojó un poco todo, se dio cuenta que la piba no lo miraba, eran sus ganas de que así sucediera.
Bajó en Retiro, apurado porque la hora del encuentro ya se le venía encima. Era obsesivamente puntual, a tal punto que solía llegar antes de la hora pautada, cuestión que lo ponía por demás ansioso. Corrió para no perder la C, y una vez arriba ya sabía que llegaría a tiempo.
Cuando pudo perderse entre el río de gente que se dispersaba en la intersección de Diagonal Norte y 9 de Julio, se puso los auriculares para distraerse en el instante previo. Una voz ronca gritaba: “Será un camino que no tiene huella, la suerte que le ha tocado a la estrella que te ha de guiar”. Cruzó miradas con manteros, gente pidiendo, pibes de vacaciones, madres atajando a pibes de vacaciones y algún que otro tragedia salvando al mundo por celular.
Hacía tiempo venía juntando fuerzas para poder romper la inercia que le impedía dar el puntapié para cambiar el rumbo de sus últimos años. Tenía la expectativa intacta de que esa mañana era el momento indicado. Se detuvo frente al edificio en el que había sido citado, miró la fachada y se adentró.

-       Hola, buen día! Vengo a ver a Juliana…
-       Si, tenías una entrevista con ella?
-       Si, me dijo a las 10…
-       Mirá ella no llegó todavía, si la querés esperar, podés tomar asiento…

Mientras aguardaba, fue observando a los que iban llegando. Se sintió un pelotudo por como había ido vestido. Entraban todos muy “descontracturados”: pantalones anchos, mochilas de pibe de secundario, una bermuda, y de vez en cuando una que otra camisa. Pasaron algunos minutos y empezó a molestarse, si había algo que lo alteraba eran los/las impuntuales. Justo cuando estaba por estirar un poco las rodillas vio que la mina que venía a ver, entraba al edificio, con una tranquilidad total como si nunca hubiera existido tal cita. Pensó en saludarla, porque aunque no la conocía, las redes sociales le habían hecho presente su foto de perfil. Dudó, pero decidió que era mejor esperar.
Lo que pasó después no tiene mucho sentido. Desde que vio aquella oficina supo que ahí no estaba la papa. La mina no le pidió disculpas por su impuntualidad o si lo hizo fue de un modo tan cordial como inverosímil. Escuchó la propuesta, se entusiasmó pero algo lo hacía dudar, allí en ese instante se condensaban todas sus inseguridades. No importaban igual, pudo exponer lo que sabía eran sus certezas y quedaron a la espera de un contacto. Con el correr de los días, mirar el celular cada 20´´ se había convertido en un tic nervioso insoportable.
Unas semanas después, cuando ya ni se lo proponía, volvió a despertar seguro de que esa mañana sería la indicada. Que quizás aquel último amague, había sido como ese equipo que toca fondo para renacer más fortalecido que antes.

lunes, 26 de enero de 2015

Román jugaba El fútbol


Esta no es una nota periodística. Tampoco es un perfil ni mucho menos persigue los fines pretenciosos de la supuesta objetividad. Esto que van a leer es solo un descargo de un tipo que desborda de nostalgia, cuestión que lo hará seguramente escupir una catarata de lugares comunes que lo lleven a desahogar un cacho de penas.
Vengo de la época de los 90`. Fui de los tipos que fue a la Bombonera durante aproximadamente 6 años y se comió el cuento que decía: “Boca va a salir campeón, Boca va a salir campeón el día que gritemos todos la re puta madre que los re parió!” Fue una época dura. Yo era pibe, la cara a punto de estallar de pubertad y el brazo derecho cubierto de pulseras azules y amarillas hasta casi llegar al codo.
Me acuerdo que cuando debutó Román no había ido a la cancha porque empezaba a joderme la mística del aguante y de que había que soportar las malas para que algún día al fin lleguen las buenas.
Te cuento esto para que contextualices algo que te puede pasar a vos, bostero que quizás sentiste algo parecido o a vos hincha de fútbol que no podés entender la enfermedad que tenemos algunos por el señor que se acaba de despedir.
La vida está llena de sinsabores pero también tiene esas cosas que te mantienen despierto, orgulloso, sonriente. Esas sensaciones están ancladas en momentos que uno guarda cuidadosamente. Por eso haber podido ser testigo de los 11 títulos, los 92 goles, las 169 asistencias, y demás genialidades de Juan Román Riquelme, es sin duda una de las grandes fortunas de esta vida. Yo le voy a contar a mis hijos que vi en la cancha jugar al tipo más importante de la historia del club. Lo vi hacer cosas tan simples como perfectas. Lo vi hacer goles desde afuera del área en donde parecía que el arco medía 25mts, la pelota entraba de tal manera que decías: “che pero el arquero no llegaba?”, te humillaba, pisaba la bocha en la cara y moverlo con el cuerpo era casi imposible. Yo vi a jugadores de River pidiendo clemencia y sin embargo él siempre les habló con respeto (a sus hinchas también).
Quedarán en la memoria los shores amarillos, la cara tensa y segura frente al nefasto del presidente, el no festejo de gol frente a los mafiosos que financiaban otros, los abrazos con el Virrey y tantos pero tantos otros recuerdos. Riquelme jugaba El fútbol. Riquelme hablaba de fútbol. Y eso que muchos no se bancaron habla de su hombría, de su estirpe, de su grandeza. Los medios del exitismo se ocuparon de pegarle una y otra vez, esos que hoy (como Román vende como loco) dicen en sus portadas: “Lo que nos dejó Román”.
A ustedes nada, giles. A los hinchas de Boca todo. Porque para un fútbol en donde se habla más de novelas de vestuario, pases millonarios o de botines que parecen zapatos de baile, Román jugaba El fútbol.
Por eso, si a vos te gusta el fútbol definitivamente te debe haber gustado Román. Y entonces inevitablemente hoy será un día con sabor amargo, porque al menos el pedazo de fútbol que él solía regalarnos, no lo vamos a ver más. Ni siquiera importa pensar si a la vuelta de la esquina de la salida del delincuente que hoy Boca tiene como presidente, existe la posibilidad de que la magia vuelva 6 meses más. No importa. Hoy se termina buena parte del fútbol grande de la Argentina. Los que amamos el fútbol sabemos cuánto vale haber sido parte. Y los que lo sentimos igual que JR, tenemos el plus de compartirlo con la misma dirección en el DNI: Brandsen 805 ¡Hasta siempre Román!



jueves, 13 de noviembre de 2014

Regrésenlos


La desaparición de los 43 estudiantes mexicanos de la Normal Rural de Ayotzinapa el pasado 26 de septiembre despertó un clamor popular en la sociedad mexicana que se viene manifestando desde aquella fecha en los distintos estados del país centroamericano. Si bien el hecho no escapa a lo que viene sucediendo allí, algo hizo que en esta ocasión el pueblo saliera a la calles a reclamar justicia, a exigir respuestas.

Las víctimas eran estudiantes rurales, en su mayoría campesinos que querían ejercer como docentes en una de las tantas regiones donde en México el Estado no garantiza una educación pública, y donde ni siquiera se dan respuestas a las necesidades más básicas.
Según cifras oficiales (y no por eso confiables) desde el 2006 hasta agosto de este año, son cerca de 24mil las personas que permanecen desaparecidas en suelo mexicano, de las cuales del 90% no se sabe absolutamente nada ni se ha avanzado en ningún tipo de investigación. Ahora el Estado, con esta última matanza salió a decir desde la voz del Procurador General de la Nación que los estudiantes fueron asesinados por sicarios. Es decir, según el gobierno de Enrique Peña Nieto, es un tema de carteles, casi de absoluta y exclusiva responsabilidad narco.
En ese sentido, no es casualidad que las principales manifestaciones que se vienen suscitando tengan como principal bandera, la consigna: ¡Fue el Estado! El pueblo de los 32 estados mexicanos sabe de los vínculos que el gobierno (el actual pero también sus antecesores) tiene con los negocios del narcotráfico. Sabido es también que dicha relación es absolutamente funcional cuando se necesitan cometer crímenes como el de Ayotzinapa.
Son crímenes políticos
Si fue el Estado. Si eran campesinos. Si eran estudiantes reclamando por mejores condiciones para su comunidad. Definitivamente las muertes de Iguala, Estado de Guerrero, fueron entonces crímenes políticos.
Hacer un recorrido que explique las respuestas del gobierno mexicano y cuáles serán los pasos a seguir excede largamente el propósito de esta nota. Por eso, brevemente lo que pretendo es presentar un material sonoro acerca de un acto que tuvo lugar el pasado 26 octubre, cuando una masiva movilización se hizo presente en el corazón del Distrito Federal. Allí en la plaza del Zócalo, entre otras personalidades y movimientos sociales tomó la palabra Elena Poniatowska, reconocida escritora y periodista mexicana, autora de entre otros: La noche de Tlatelolco. Sin disimular su conmoción por lo narrado dedicó ante la multitud un discurso que incluyó perfiles que escribió el periodista Paris Martínez junto a amigos y familiares de las víctimas.
Los normalistas de Ayotzinapa  estaban recaudando fondos no sólo para mejorar su escuela sino para poder viajar a participar del 2 octubre, fecha en que se conmemora la fatídica noche de Tlatelolco, en la capital de la república. Aquella noche de 1968 las víctimas eran, entre otros, estudiantes. Hoy, 46 años después, son también estudiantes a los que pretenden hacer callar. No sólo que tal cosa no sucede, sino que el pueblo mexicano grita cada vez más fuerte: Regrésenlos! 


viernes, 24 de enero de 2014

Las sensaciones y la realidad


“Se va a terminar el relato del gobierno y lo que viene detrás de eso se llama crisis”. “La inseguridad es una sensación”. “Los 600 pesos son para los vagos de siempre”. “La sensación térmica tocó los 47.6”. “Cristina no habla de las cosas que le importa a la gente”.”Si liberan el dólar van a salir todos a comprar dólares”.
Frases como estas son moneda corriente por estos días. En verdad algunas tienen más actualidad que otras pero todas circulan naturalmente al menos en los medios de información, en la gente en las oficinas, y hasta en el comercio amigo del barrio. Puede que en algunos (y muchos) lugares ni sepan de estas frases o no tengan la misma connotación que le asignan quienes más las frecuentan, pero eso no importa porque justamente son eso: otros.
Discursos que despiertan algunas preguntas. ¿Quién y cómo se define la sensación térmica? ¿A alguien le importa? ¿Por qué tiene tanta legitimidad que hasta se la llama con onda como “la térmica”? ¿Y por qué vale hablar de sensaciones para la temperatura y no para la inseguridad? Pero entonces, ¿Cuándo lo que decimos es realidad y cuándo es relato? A quien les habla le parece que esta última pregunta lo resume todo. Es decir, el enorme desconocimiento acerca de que los discursos (del gobierno, de “la gente”, de la oposición, etc.) implican necesariamente posiciones de sujeto, atravesados por luchas de poder para ver quién instala cuál verdad y oculta tal otra, es sin lugar a dudas uno de los principales ejes que deberían cruzar de punta a punta el debate respecto a nuestra coyuntura. ¿Cómo puede ser que estemos viendo una imagen de unas manitos contando dólares durante 72 horas continuas? Por estos días, muchos andan repitiendo cientos de verdades que dicen saber como serían las soluciones a los problemas de nuestro suelo, de nuestra economía más precisamente. “El gobierno devalúa la moneda” Pero yo me pregunto, si es lo que le pide la derecha, ¿De qué se quejan? Acaso, ¿todo se resume en que como detestan al gobierno todo lo que hagan en la dirección que sea va a ser cuestionado?
No importa si sos K o nos sos K. Sería necio negar que el 2013 fue por lejos el peor año de lo que conocemos por kirchnermismo. Que por ejemplo problemáticas como las del transporte público o la crisis energética les explotó en las manos, que la inflación se ha incrementado profundamente, etc. Ahora bien, cabría preguntarse por qué la crítica que más peso tiene es la que responde a los intereses de un sequito de inescrupulosos que dicen saber como salir de esta, pero que son los mismos que llevaron el país a la ruina. Por qué no le pedimos al gobierno que no pague más la deuda más nefasta e ilegítima y con esa plata invertimos en educación y salud pública por ejemplo. ¿Por qué hay “gente” que dice que el país se va al tacho cuando al mirar “las manitos que cuentan dólares” ven que el precio de esa moneda maldita se va para arriba? Y lo que es peor aún, ¿Por qué no decimos lo mismo cuando desaparecen personas, o cuando el informe de la Corte Suprema acerca de los homicidios nos revela que el mayor número de casos se da entre personas de clases bajas y, aún más, que en su mayoría son casos que nunca llegan a resolverse? ¿Por qué el país no se va al tacho cuando Monsanto o la Barrick destruyen nuestro suelo para llevarse la plata a sus pagos, o cuando después de nacionalizar YPF viene Chevrón que se fue a las patadas de Ecuador por denuncias de contaminación ambiental, y que hasta están cuestionadas de repercutir en el cambio climático que acá llamamos “sensación térmica”?
En fin, está claro que el Gobierno Nacional tiene menos margen de maniobra, que la realidad está más compleja que nunca y que habrá que tener más cuidado que antes para saber desde dónde pararse para discutir estas cuestiones. Al menos, una certeza ya tenemos: la disputa por el sentido es y seguirá siendo una clave fundamental para no dejar de pensar que una sociedad más justa sea posible.

viernes, 27 de diciembre de 2013

¿Y el Estado qué?


El reloj marca las 19.45 del día 26 de diciembre de 2013. El 96 (ramal Semi-San Alberto) me levanta como hace 10 años en la intersección de Cochabamba y Salta. En general, son unos 25 minutos hasta que me deposita en las inmediaciones de mi querido barrio de Floresta/Villa Luro. Sin embargo, a la altura del Parque Chacabuco aproximadamente el tránsito se empieza a sentir y vamos al ritmo del número 2 de Boca en la actualidad. Algo anda mal. Hay tufo, más clima de revuelta que de Papá Noel, que acaba de pasar sin pena y sin gloria. Minutos después me asomo y desde la 25 de mayo se ven algunas gomas quemadas, maderas, contenedores de basura, etc. Distintos focos de tensión, donde grupos de personas se encuentran reclamando.
Una vez a pie, me dispongo a caminar las 10 cuadras que me separan de mi casa. Unos pasos y ahí nomás me doy cuenta que la cosa está podrida. Tengo una reacción estúpida, propia de TN y la gente: agarro mi celular y me pongo a filmar mientras camino por una Rivadavia desolada. A la altura de Cardoso está cortado con un par de fogatas caseras con distintas tonalidades. Llegando ahí nomás me pasan por el costado tres personas corriendo con sus calzados en la mano. Se me fueron las ganas de filmar. Me acerco a un tipo que se lo veía muy atento a todo y me dice: “Se bajaron del Sarmiento y se cruzaron con la barra de All-Boys que estaba defendiendo a la gente que cortaba la calle”.
Ya estoy en Carrasco, que en su intersección con Rivadavia viene siendo el epicentro de los reclamos más álgidos de la gente afectada por los cortes de luz. Sin embargo esta vez hay algo distinto. El clímax no está ahí sino a unos metros, en el cruce de barrera. El mismo paso a nivel que están arreglando hace meses y que todo parecía indicar que reinaugurarían dentro de poco. En el lugar, unas 50 personas aproximadamente. Hay fuego sobre las vías, reconozco al verdulero de la cuadra, un matrimonio que tengo de vista, unos pibes de la cuadra, y otros tantos que desconozco pero se los ve igual de ofuscados.
Cruzo como puedo para llegar rápido a casa. Agarro los timbos, las medias, las vendas y me vuelvo al lugar del hecho, el mismo que dentro de 1 hora me vería jugando a la pelota a unos metros nomás. Me quedo metido en medio de la gente, hablan, putean, se ríen, se hacen chistes, hay alguna que otra cacerola maldita. Se agrupan en una suerte asamblea barrial y definen: “Si mañana seguimos sin luz, a las 17 todos acá de nuevo”. Aplauden y se dispersan de a poco, al grito de “Vamos Floresta!”
El fuego permanece en las vías y como es obvio el tren sigue sin asomar. Hay dos personas que intentan de forma muy precaria quitar las maderas prendidas, tienen guantes, intentan patearlas pero son muy pesadas. Parecen personal de civil de alguna fuerza, o del tren Sarmiento. Uno de ellas usa de pala el letrero que en algún futuro indicaría la señal de que por ahí pasa el tren. Habla por teléfono con alguien: “Che acá estamos levantando como podemos porque no tenemos con que”
Pasó. Pasa. Y yo me fui a hacer la mía. Pero me quedé pensando mucho. 10 años de crecimiento económico sostenido (salvo alguna excepción como la del 2009)1, ¿y no se invirtió un peso en la red eléctrica de la CABA? ¿Cómo puede ser? ¿Qué importa si es el problema de uno, de dos o 25 barrios? Es un problema, tiene que haber respuestas. ¿Cómo puede ser que el Gobierno Nacional siempre tenga a quien culpar y se coloque en el rol de observador, o lo que es peor aún, de narrador omnisciente que nos cuenta como es en verdad la cosa? Fue el motorman, fue que en verdad los saqueos fueron organizados (entonces ya no importa donde radica el problema o porqué hay gente dispuesta a participar en eso), es Edesur, es Edenor, entonces no importa el ENRE (Ente Nacional Regulador de Electricidad), no importa auditar a las empresas, no importa que no inviertan, o importa recién ahora que se destapa la olla.
¿Será por todo esto, entonces, que el Gobierno últimamente no hace otra que invitarnos a defender lo hecho, y pareciera que para adelante nada?
Hay algo bueno en todo esto. El mito de que lo privado es mejor se derrumbó a pedazos. Recuerdo amigos, familiares que en los 90 decían “está bien, el Estado hace todo lento, todo deficiente”. Pero no resuelve la discusión el tipo de gestión, hay que llenar de contenido esa categoría de Estado. Ese que hoy en muchos aspectos está ausente, y que lo curioso del caso es que la crítica hegemónica (por derecha) le pide que no se meta más. Tiene que ser un actor determinante de estas problemáticas. No solo tiene que ser el que gestione y posea los recursos naturales, y por ende los servicios básicos e indispensables para los ciudadanos, sino que hay que involucrarse con ese Estado. Llenarlo de contenido implica ser parte, que haya control popular de los organismos que brinden la luz, el agua, etc.
Hace rato que no vale más el delegar para que otros vengan y hagan. No nacen “políticos honestos” de abajo de las baldosas, así como no nacen policías “más nobles” milagrosamente. La discusión es la misma, es compleja, y es extensa. No hay recetas para esto seguramente. Y si las hay seguramente que el que escribe no tiene ni idea, pero de seguro hay dos componentes que son indispensables: la participación y el compromiso social con las problemas del pueblo.


martes, 29 de octubre de 2013

Acerca de la ley de Servicios de Comunicación Audiovisual




     En el día de hoy la Corte Suprema de Justicia puso fin a un proceso extenso de 4 años en el cual el Grupo Clarín obturó por todos los medios (judiciales pero también políticos, sociales y simbólicos) la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual (LSCA). A partir de hoy mismo el AFSCA (Autoridad Federal de Servicios de Comunicación Audiovisual) no tendrá más pretextos para hacer cumplir la plena vigencia de dicha norma que tiene como espíritu la democratización de los medios audiovisuales en la Argentina. 

Hasta aquí la noticia. Ahora (como antes), hay varias cuestiones que merecen no olvidarse:

  •  Una real democratización de la comunicación supone pensar mucho más allá de la vigencia de una ley.  Requiere por ejemplo de que cada vez sean más los que reclamen al poder político y al poder económico que esto suceda. Esto es, que así como la ley 26.522 fue el producto de un extenso proceso de discusión de las organizaciones populares, las medios alternativos, etc., ahora (más que nunca) se siga exigiendo que todas las voces sean oídas.
  •  Esto además de depender de una voluntad política concreta de quienes conducen el poder ejecutivo, reclama a gritos que el conjunto de la ciudadanía sea quien lo exige día a día.
  • El AFSCA en representación del Estado hasta ahora poco a hecho para que el resto de la ley se cumpla en su totalidad. Ejemplo de eso ha sido el escaso otorgamiento de licencias a radios y medios comunitarios en general.



Ahora bien, este escenario no puede desconocer que este fallo sale a la luz en uno de los momentos más “críticos” en términos de legitimidad del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner. No es el propósito aquí describir los porqué de esta situación ni menos aún establecer cuanto de estas condiciones son reales y cuanto discursivas, si es que se puede admitir una diferenciación entre ambas.

Por el contrario, lo que aquí me interesa es poder pensar cuáles son las condiciones que llevan a naturalizar aquel discurso que dice que la mal llamada ley de medios responde a un capricho del kirchnerismo en contra de un grupo económico en particular, y que dicha condición implica necesariamente descreer no sólo el propósito que la misma norma establece en su artículo nro. 1[1], sino también el proceso de debate previo que incluyó diversos actores sociales.

Seguramente, que dicho propósito exceda por mucho las posibilidades que aquí se presentan, pero al menos quisiera poder aportar algunas preguntas que contribuyan a poder releer el escenario actual. ¿Cómo llega un particular (una empresa) a postularse por encima de la sociedad toda? ¿Cómo consigue hacerlo desde el cinismo de suponer que su sustentabilidad va de la mano de la libertad de expresión de la sociedad toda? Y por último, ¿Cómo es que estas cuestiones se encarnan en las personas y se vuelven banderas o argumentos para despotricar contra el gobierno de turno?

Dichos interrogantes están pensados con un alto grado de ingenuidad. En primer lugar, porque ese particular es el multimedios más grande del país y como tal el principal formador de opinión de la sociedad argentina. Pero además, un conjunto grande de aquellos que se sienten identificados con el discurso del “gran diario argentino” son parte de una clase que post 2001 descreyó profundamente de los sectores de gobierno. Algo que si bien pasó con distinta tenacidad según el momento de nuestra historia, aquel final de la etapa más regresiva del neoliberalismo dejó sin dudas un marca imborrable, aún asumiendo que obviamente aquel momento afectó a la sociedad en su conjunto y no solamente a los sectores que aquí describimos. Sin embargo, sería necio plantear la discusión en estos términos solamente porque reduciría la cuestión a pensar en el solo hecho de cómo cada uno “lee” al kirchenirsmo, que podemos coincidir o no en sus políticas pero que nadie podrá negar que se presentó como el principal protagonista a la salida de aquella crisis.

Por lo recién expuesto, podemos deducir que algo que debemos incluir como un eje transversal es que todo aquello que se diga de la LSCA (pero de cualquier política de estado del kirchnerismo) estará atravesado por este escenario polarizado que según quien lo presente ubicará a los buenos de un lado y a los malos del otro.

En segundo término, para pensar el siguiente interrogante también incorporando el eje que acabamos de plantear, diremos que dicho escenario implica la negación de cualquier tipo de interés en saber o conocer cuáles son las causas efectivas de esta norma. Y esto vale pensarlo no solo desde como el Grupo Clarín durante 4 años presentó sus intereses como el interés de todos (libertad de expresión) sino que exige necesariamente repensar cuánto hizo falta (audiencia pública mediante) para que se desenmascare que ese interés individual (por más dominante que sea) no podía estar en nombre de todos. En ese sentido, lo que hoy determinó la Corte Suprema de Justicia habrá marcado un antes y un después en términos jurídicos pero para que desde ese plano se convierte en una real democratización de la comunicación, supondrá de una apropiación efectiva de cada vez más ciudadanos, interesados en ser beneficiarios de ese derecho. Por eso, dicho desafío requiere exceder la mirada y ampliar el foco que hoy está puesto en lo jurídico. No solo para que cada vez más sean quienes asuman ese rol que nos involucra con un Estado (no con un gobierno) del que somos parte todos. Por supuesto, que también podemos poner en cuestión si ese Estado nos representa o no. O si así como está nos parece que reproduce las condiciones sociales actuales o no. Pero justamente, si de eso se trata, para poner en cuestión al Estado (y a las corporaciones también) hay que tomar un rol protagónico con la historia, con los hechos y las conquistas sociales que involucran al conjunto de la ciudadanía. En ese camino, la LSCA en particular pero la democratización real de los medios en la Argentina es una causa que hay que defender en las calles, en las radios, en los medios, y en lo cotidiano de nuestros días.




[1] “La regulación de los servicios de comunicación audiovisual en todo el ámbito territorial de la República Argentina y el desarrollo de mecanismos destinados a la promoción, desconcentración y fomento de la competencia con fines de abaratamiento, democratización y universalización del aprovechamiento de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación” artículo 1 – Ley 26.522

viernes, 15 de marzo de 2013

Lo eligió Dios


Hacía tiempo no escribía por acá pero creo que los acontecimientos de los últimos días así lo ameritan. El pasado miércoles el Vaticano eligió por primera vez en su historia a un Papa que no es europeo, y todavía más a uno que es latinoamericano, y como si fuera poco a uno que es argentino.
Fuera de todo sensacionalismo, chauvinismo y todo tipo de reacciones que este hecho genera, a mí hay uno que me llama poderosamente la atención, y es que por un momento sentí que estaba viviendo en otra época, cuando a decir verdad por algunos días de mi vida pensaba que la humanidad estaba un poco más “acorde” al siglo XXI, pero sobre todo más aggiornada a los tiempos que corren con sus problemáticas y con toda el agua que ya corrió debajo del puente papal.
Definitivamente debo admitir que me equivoqué. Me tocaron vivir experiencias surrealista  en primera persona, como ver llorar a una persona, no tan mayor como usted piensa, festejar a otra más o menos como yo grité el gol de Maxi Rodríguez a México en el mundial 2006, y algunas más que no vale la pena mencionar. Ni hablar de la explosión nauseabunda de los medios y las redes sociales. “Dijo el papa: ahora sí, vayan a laburar”, “Que bueno un papa argentino, ojalá no sea como la presidenta!”, “Te guste o no te guste, este tipo es el argentino más importante de nuestra historia”, etc.
En fin, no sigamos porque no tiene sentido. Solo quería incluir estas impresiones para fundamentar algunas ideas que se me vienen a la cabeza, sobre todo dos. Vamos con la primera. Siempre me pregunté cómo se podía explicar que una persona que se dice “cristiana” (o sea que para algunos puede ser sinónimo de “creyente en la palabra de Dios”) se la pase diciendo “negros de m”, o se queje de los extranjeros en su país, o simplemente construya tan simplistamente un “nosotros colectivo” que excluía a tanta gente. Me daba curiosidad porque pensaba: “acaso no somos todos hermanos”, “acaso no somos todos hijos de Dios”?
También me quedé reflexionando en su momento, cuando tuve la posibilidad de visitar otras culturas donde te explican con tanta claridad de que allí la Catedral Metropolitana está erigida justo encima de un templo precolombino, o que allí los españoles se lo han llevado todo, han asesinado brutalmente, y tantas otras vivencias de aquel nefasto encuentro entre el viejo y el nuevo continente. Me sorprendía cuando esas personas que nos relataban su historia al mismo tiempo llevaban su rosario colgado en el cuello.
La segunda impresión tiene que ver con lo que pasó esta semana con la elección del Papa argentino. En esta lectura, yo puedo entender que haya gente que se alegre por un sentir nacionalista, que para algunos cause “orgullo” o para otros efectivamente implique la “emoción” de tener un nuevo y máximo representante de la Iglesia. Lo que a mí me cuesta horrores concebir es que efectivamente haya gente que haga de eso un hecho que se traduce en: “de verdad, a ese tipo que está ahí lo eligió Dios, todo lo demás no importa”. De ahí el “le guste a quien le guste” de muchos. En este sentido, yo no estoy afirmando que Bergoglio sea un demonio, y hasta podemos suponer que en su elección hay algo de “el mal menos peor”, que es jesuita, que se puso Francisco, que no usó los bordados papales en su primera aparición, etc. Pero me parece que hay hechos que fuera de todo subjetivismo, son empíricos: el tipo fue en contra de leyes que ampliaron derechos (matrimonio igualitario e identidad de género por ejemplo), miró para otro costado cuando otros dos cristianos como él  (Yorio y Jalics) fueron “chupados” por la dictadura, se convirtió en un referente de la derecha argentina más reaccionaria. Y ni hablar si nos referimos a la Iglesia católica como institución, desde la dudosa muerte de Juan Pablo I en su momento, hasta las incansables denuncias de pedofilia, o el curioso caso de ser una entidad con un banco propio cuestionado por ilícitos manejos de dinero, etc.
Por eso, y para ir cerrando, si usted está de acuerdo con que estos hechos sobre el nuevo Papa y la institución católica son datos “objetivos” no me mienta en la cara, no diga “lo eligió Dios”. En todo caso, asuma “lo eligió Dios pero de paso está bueno que sea argentino para que le meta presión a la yegua, y sus vínculos con la dictadura no importan porque total yo creo que en la teoría de los dos demonios”.
En conclusión, que quede claro que no me refiero a todos los cristianos. Se de gente fiel a sus creencias, que no necesita intermediarios, pero solo quería sentar mi posición de que  para mí es importante diferenciar religión (la fe en algo) de la institución (Iglesia católica),  porque si de algo sirve el nombramiento de Francisco, es para tener en claro que los papas son de carne y hueso, los eligen por algo en determinado momento y sobre todo, que la elección del Papa es un hecho político en sí mismo. Yo de religión se poco pero de seguro que todo esto que pasó esta semana poco tiene que ver con Dios. 

martes, 29 de noviembre de 2011

La piel que habito

¿Por qué ahora todas las películas están basadas en hechos reales? ¿Hace falta que así sea para que uno las valore más? ¿Es acaso posible que así sea? Seguramente que en el mundo de lo percibido, hay mil historias, hechos, o simples momentos que pueden ser narrados, contados y llevados a la pantalla grande. Pero a mi resulta inverosímil que así suceda en la mayoría de los casos y que haya que apoyarse en ese hecho (fáctico) para valorar o no una película. 
Por eso yo celebro la última obra de Pedro Almodóvar. Porque es un retorno a la ficción. Que podrá gustar o no, eso no importa, de hecho todo lo que uno hace merece una crítica y está bien si no gusta. Pero yo rescato la manera de contar, de construir un relato que contenga: lo bizarro, lo perverso, lo estético y lo dramático en una misma obra. Como puede una misma escena hacerte reir en el preciso momento en que está por enseñarte el talón de aquiles de su historia, que encima contiene un alto grado de dramatismo. 
Ese mérito por el cual lo asimilo con Woody Allen, esos tipos que crearon su propio género. Uno ve los primeros tres planos de sus películas y ya saben quien dirige dicha obra. 

No quiero agregar muchos datos más porque quisiera que la vean y la podamos compartir y comentarla. A mi modo de ver, es una gran película, no sólo por sus altísimos recursos estéticos sino por lo que su argumento expone, o mejor dicho, lo que -a mi juicio - intenta plantear. Claro que esto va por mi cuenta y quizás estoy lejísimo de acercarme a las intenciones del director. Pero tengo el derecho de preguntarme: ¿Qué pensamos cuándo nos imaginamos la fatídica posibilidad de que algún ser querido o humano cualquiera sufra una violación o un abuso sexual? ¿Qué dice la sociedad ante estos casos? Y por otro lado, ¿Dónde nace el placer de los mortales?, ¿sólo basta con pertenecer (biológicamente) a uno u otro sexo?

Me parece que estos interrogantes alcanzan y sobran para valorar La piel que habito. Y si así no fuera, valdría la pena hacerlo tan solo por su excelente guión, sus actuaciones y la forma de construir la historia. Esa sensación extraña que a uno le queda cuando aparecen los títulos y uno piensa: "no hacía falta decir más nada, no quiero saber la reacción de esa madre".

miércoles, 10 de agosto de 2011

Desvarío


Resabios de una mañana confusa

Hace días que ando buscando excusas para volver por este sendero. En verdad, como este espacio supone ser el escape a tantas otras excusas y ataduras, voy a volver a exponer mis dichos sin tener demasiada claridad de qué quiero decir (?).
Pasados aquellos días de ocio parcial, propicios para una búsqueda vocacional distinta vuelvo a sumergirme en la desgraciada y maltrecha cotidianidad. Para mi agrado, regreso a esos pasillos tan sociales de miradas cómplices, de compañeros de aula, de pensamientos, de deseos…Están los otros también eh! Los de color rojo, rojo intenso llamando a votar a no se cuantos miles para que no los silencien (?)…Y están los del proyecto nacional y popular (?), militantes de un gobierno de turno, mezclados con los pequeños sujetos azules hoy en la pantalla grande de la industria cinematográfica.
Anduve pensando en esto de los roles. De si en verdad uno es ese conglomerado de personalidades del que hablaba el gran Oliverio, o si, en algunos ámbitos y relaciones, no tenemos ciertas condiciones de producción (y de reconocimiento también) que nos establecen en posiciones y lugares difíciles de escapar.
Estimo que más de uno (si es que más de uno lee esto) andará buscando links entre lo que digo y lo que intento decir. Ya es tarde. Si llegaron hasta acá es porque omitieron la aclaración de la tercera línea de este escrito.
Nostalgias de una charla con un gran compañero. Recuerdos de una mesa que añoro. Exigencias que me atormentan. Decisiones que esquivo. Y tantas otras filantropías que mejor no seguir.
Crisis mundial. ¿Se caen los yanquis? Festejemos! Igual no va a pasar, no? Cae el precio de las commodities? De las qué? Y los asesinatos en Jujuy? Y el gas en el Borda? Y las primarias para qué? Dice el spot: “para que los candidatos no sean elegidos a dedo”. Pero entonces, ¿por qué solo va Cristina por el FPV, y Alfonsín por la UCR, y Binner por el FAP? No entiendo.
Se despierta Chile! Que alegría!  Pero no era que el modelo chileno era digno de mención? Ejemplo de buena educación, de gestión política y económica? A la mierda! Lugares comunes al tacho. Educación pública y gratuita ya!
Se quema Londres! ¿Y el primer mundo? “Seguro que el escupitajo a Riquelme en Londres no pasaba porque allá están todos sentados y no agreden a nadie” Prendieron fuego un par de tiendas comerciales. La policía asesinó a un joven de 26 años!
Vuelvo a mis días de estudio y presiento que transitar por estos pagos será una tarea ardua. Por eso ando escribiendo este desenfreno a ver si de todo, algo sirve. Trato de abstenerme de esta locura por instantes así no termino igual que la mitad de Fito (?) El viaje en bondi me agota cada día más. Veo y noto algunos pocos gestos de afecto pero la mayoría de los gestos no pertenece a este género. Ah! El otro día me tomé el metrobús! Que bien que se viaja (?)!
Esta mañana desperté con la mujer de la mirada profunda a mi lado. A esas horas que suelen amanecer los hombres y las mujeres de delantal. Con el trajín de la semana a cuestas decidí seguir sus pasos. Después de ver irse (repletos) 5 colectivos de la línea 5, tomamos el nuestro. Acompañé su andar largo y apresurado. Al llegar a su destino, la despedí y me dispuse a seguir mi trayecto hacia la caja boba.
Antes de doblar en la esquina me topé con un sujeto extraño. Me miró. Lo miré como lo suelo hacer cuando ando por las calles, sin ningún interés particular. Tenía la nariz averiada, un aspecto que yo llamaría cuanto menos “particular”. Seguí mi camino pero sentí que aquel hombre me seguía. Dobló detrás de mí, me encaró seguro y con tono de guapo, exclamó: “Qué me mostrás la cara, gil?”
Lo tomé como parte del todo. Contesté desentendido. No suelo ser un gran pugilista y menos sin motivo alguno. Así que le contesté sin muchas ganas. ¿Y él que dijo? Me despidió con un extraño saludo: “No te pego porque estoy cansado!”.


martes, 2 de agosto de 2011

Los danzantes

Se mueven despacio
se esconden de a ratos
se buscan traviesos
se pierden dormidos.

A veces de prisa
a veces tropiezan
detienen su marcha
retoman su marcha, más firmes que antes.

Se hablan de miedos
pero apoyan seguros
se acoplan testigos
sorteando obstáculos del mismo camino.

A menudo callan
confidentes de un solo destino
difícilmente se alejen
tus pies y los míos.

lunes, 11 de julio de 2011

¿Cómo hacer para que doña Rosa algún día se convierta en el hombre nuevo?


 Es cierto, sabido y re contra repetido que la objetividad no existe. Pero lo que aquí escribo será lo más lejano que jamás hayan leído acerca de aquella ingenua ilusión. Esto será sencillo: literal, pasional y hasta por momentos burdo.
Por estos días muchos pensamientos rondaron por mi cabeza. Vine hace poco de un viaje muy particular. También hace poco (depende desde donde lo miren) una mujer vino a martillar mis pocas neuronas vivas (?). Temporalmente en oposición a esto hace tiempo me cuestiono el lugar que ocupo en esta sociedad. Por eso durante un tiempo milité con gente a quien sigo frecuentando y con quien comparto muchas visiones acerca de la política, la histórica y la actual. Eso, como diría un gran amigo (de alguna manera) vino a movilizar bastante mis estructuras. Casi podría decir como nunca antes me había sucedido.
Es cierto, siempre fui un ser complejo pero estos acontecimientos que aquí les relato hicieron aún más porosa esa capa metonímica de sentido (?) que es mi personalidad. Así es que a pesar de estar ahora poco presente en las tareas militantes, aquella experiencia me llevó a estar en permanente contacto con las cosas que pasan en mi país. Frecuentar más los periódicos, hablar más con la gente que me rodea y la que no, fomentar la comunicación alternativa, y hasta crear este espacio narcisista para escaparle un poco al gigante de 5 x 8 horas semanales.
Así, en este marco descripto, recibí la pésima noticia, la bofetada seca a mi incredulidad de haber pensado que lo de ayer no podía pasar. Que la diferencia sería menor  y que el balotaje iba a dar una posibilidad de que los porteños condenen la pésima gestión de Mauricio Macri en la Ciudad de Buenos Aires. No fue así. No será así.
Y después pensé…”por qué me preocupo tanto?” Si este país votó no una, sino tres veces a Carlos Saúl! De qué me sorprendo? Pero yo no me puedo desprender de esto. Yo no soy quien para salir a criticar esto como si yo no fuera parte de esto. Yo soy parte también de la misma sociedad que votó más a Javier Castrilli que al FIT (Frente de Izquierda y los Trabajadores). Y esto lo digo a conciencia de que también las lógicas de construcción política repercuten y mucho.
Pero claro, cómo no me voy a preocupar. Si en el texto que antecede a este yo manifesté que no era lo mismo que siguiera a que no! Qué votó la gente? Un voto castigo a la gestión de Cristina?  Y quiénes son los que la castigan? Los de la clase media? Me rebajo a los criterios más básicos y pragmáticos de la cuestión. Están muy incómodos económicamente muchachos? Yo vi Ezeiza lleno de gente lista para volver a Miami este verano y en el mes de abril, yo veo los comercios repletos de gente comprando mierda los fines de semana. Yo los veo cambiar el auto! Si, si perdí la compostura, lo se. Pero me saca la situación!
Yo critico al gobierno “nacional y popular” por no representar mis ideales, por representar una lógica histórica de construcción política aliada a los punteros, de la mano del gran capital, en contra de la libertad sindical, descuidando a los sectores más marginales del país, o solo haciéndolo con políticas clientelistas y paliativas. Pero ustedes clase media reaccionaria? Por qué la critican? Porque premian a este hijo de puta que ni siquiera les cumplió el mito de buen gestor. No voy a volver a decir todo lo que no hizo porque ya está en el otro artículo (*la política no es cuestión de mercado). Sólo quería descargar mi bronca.
Pensar en voz alta como construir política de base, desde abajo, buscar al hombre nuevo, y demás emblemas de la corriente de izquierda si el hombre de hoy vota en demasía a semejante aberración política? Entiendo, entiendo igual. Lo discursivo. Si es cierto, ya lo dije antes. Pino Solanas y Proyecto Sur hicieron todo mal desde las elecciones del 2009 a la fecha. Apostaron a la construcción personalista en vez de alimentar los caminos de base que allí se tejían (léase constituyente social por ejemplo). Y el FPV? Saben que la CABA es históricamente antiperonista (y ahora anti K) e interpelan al ciudadano diciéndole que voten al muñeco porque está con Cristina!? Por favor! Propuestas! Ideas! Critiquen la gestión del imbécil que hace agua por todos los dos. Al fin de cuenta, es un inepto bien rodeado que me termina haciendo pensar que a nivel de lo discursivo, del manejo de su imagen y del no debate, manejó muchísimo mejor las cosas. No quiso debatir más que en TN y eso la gente no lo ve! Se siguen quedando con que Filmus no fue!  Pero bueno a joderse! Así construye también el peronismo. Así lo hizo ni bien asumió Cristina pensando que se llevaban el país por delante.
Más allá de lo que suceda en octubre o lo que siga pasando en Argentina me preocupa, y mucho, desde donde seguir pensando el cambio social. Desde dónde plantearlo. A qué sujeto social le hablamos? Acaso tengo que pensar que Macri no solo gana por como manejó su campaña sino que él representa el discurso facho de muchos que se creen que los hospitales funcionan mal por culpa de la gente del conurbano? O el del conformista que dice que no hace los subtes porque el Gobierno Nacional no le da la plata?
En fin, creo que en líneas generales ya volqué lo que tenía ganas de volcar (?) Me quedan esas dudas y seguiré pensando desde que lugar participar para que esto no siga de esta manera. Se me ocurre que las comunas pueden ser un buen espacio donde hacer política. Es verdad, el PRO tiene la presidencia de las 15 comunas pero los barrios estarán presididos por juntas comunales (7 miembros) y esa composición hace que participen otras fuerzas y que el escenario se pueda volver más interesante. Habrá que ver que pasa pero por lo pronto participar de los consejos consultivos de cada barrio me parece que será un buen comienzo.
Dejo el análisis más político (?) para despedirme con lo banal, lo terrenal. Hoy fue un día raro. Leí casi todo. Me indigné con muchos comentarios y me alegré con pocos. Esto de las nuevas Tics altera más de lo que aporta al debate. Y entre tanto, discusiones, diarios, facebook, y demás menesteres, cuando se moría la tarde decidí llamar a la mujer de la que les hablé al principio. Estaba iniciando mi descargo telefónico cuando detrás de mí sentí correr un frío electrizante, algo no andaba bien en el ambiente. Volteé la mirada y el niño pródigo del gigante mediático avanzaba a mis espaldas cuando lo detuvo la obsecuencia de un empleado que convincente le ofreció su mano y exclamó: “Felicitaciones Mauricio!”. Ahí entendí todo.

viernes, 8 de julio de 2011

La política no es una cuestión de mercado


Siempre que uno dice lo que piensa se somete a críticas, a juicios, a apreciaciones valorativas y demás menesteres. Y si eso que uno manifiesta está en relación con la compleja temática de la política actual, el escenario se vuelve aún más ríspido.
Claro que no por eso uno va a dejar de cuestionar aquello que le resulte injusto, o simplemente digno de repudiar.
Por eso para algunos, de los que me siento parte, siempre las elecciones representan un brete importante, un pensar “qué carajo hacer con mi voto” (?) Por qué? Por dos razones. En primer lugar, porque muchos pensamos que la participación política o, mejor aún, las posibilidades de que un ciudadano se plantee vivir en una sociedad más democrática debería exceder, y por mucho, el hecho puntual de votar. Y en segundo lugar, a mi criterio el más importante, porque (desde que tengo memoria siempre fue así) votar se vuelve más engorroso cuando nuestras ideas o el proyecto político por el que quisiéramos pelear más a menudo no está representado o referenciado en una opción “electoral”.
La coyuntura política de Argentina ha sido y es desde 2003 un mapa bien difícil de descifrar. El kirchnerismo vino a reconstruir la hegemonía que la clase dominante había visto jaqueada en la crisis de 2001. Para eso tuvo que dar ciertas concesiones (muchas de ellas reclamos históricos del campo popular). En esta parte de la historia, que no pretendo analizar aquí en profundidad (por incapacidad intelectual y temporal) salieron a la escena política distintos actores sociales que, encuentran en la ciudad de Buenos Aires, su expresión más acabada.
Una ciudad que enfrenta cotidianamente a los más acérrimos defensores del modelo “nacional y popular” (enarbolados en sus estilos seissieteochistas)  con el prototipo de gorilón clase media que viene con la idea de “el gobierno no tiene oposición, entonces yo con mi voto voy a crearla o a permitir que el PRO la siga representando”.
Dicho escenario podría ser abordado desde distintas aristas. Pero yo prefiero recortar el campo en lo discursivo. La campaña para las elecciones del domingo tuvo un rasgo común a casi todos los candidatos. No hay propuestas! No hay modelo para esta ciudad! Mientras uno nos da la bienvenida el otro sólo pide el voto porque está alquilado con la “dama de honor”. Ah eso si! No nos olvidemos del tercero en discordia: mareado personalista entre en el (des)armado de sus listas, el frente progresista que nunca fue y las cámaras de los medios.
Ahora bien, como dije antes este escrito no pretende hacer un análisis exhaustivo de la cuestión. Es solo un descargo frente a la particularidad que vivimos quienes el domingo vamos ir a votar y no vamos a tener esa opción que tenga referencia en una construcción política desde las bases, desde abajo y que represente las complejidades (las debilidades también) pero sobre todo las potencialidades del campo popular.
Por eso, si bien reconozco que el voto no lo es todo también se que no es lo mismo que esté Macri a la cabeza de esta ciudad o que no lo esté. Se pueden elegir uno o mil motivos para NO dar lugar a su reelección. Desde sus procesamientos judiciales, hasta la UCEP metiendo palo a la gente que vive en las calles de la ciudad, hasta el desastre en los hospitales y escuelas públicas, etc. Hay cientos de argumentos para no hacerlo.
Pero hay uno que es, a mi juicio, el más importante. Para el campo popular no representa lo mismo que esté en la jefatura de gobierno Macri, que Filmus, que Solanas. Al gobierno de la ciudad así como está hoy no se le saca un tercer pliego para la construcción de un edificio para la facultad de Ciencias Sociales, ni planes sociales de ningún tipo, ni ninguna mesa de negociación salarial, ni tantos otros etcéteras.
Es cierto, a Mauricio Macri la gente no lo vota por ser de derecha, ni mucho menos por fascista. Lo votan porque le apunta a doña Rosa, te apunta a vos (?) que te sentís bienvenido, que en la foto de campaña te pone de espaldas y te dice  que “juntos venimos bien”.
De acá se desprende uno de los objetivos de este artículo. Si la gestión PRO ha sido por escándalo el peor mandato desde que la ciudad es autónoma, por qué hoy la intención de voto lo ubica a Macri como indiscutido ganador en las encuestas? Sobre todas las cuestiones, la que más prevalece o inclina la balanza es la razón discursiva. Al hecho histórico de ser una capital que le dio la espalda a las políticas peronistas, se le suma, a mi criterio, lo más trascendental: la cuestión discursiva! Mauricio (como le dicen los grandes medios), “va a estar bueno”, “juntos venimos bien”, y demás slogans son productos, al igual que su enunciador, propios de la publicidad. Son construcciones sociales. Lo que dice él lo puede decir cualquiera, “vos vecino de buenos aires”, “vos que pagás tus impuestos”, etc. Él vende un producto y algunos (o muchos) compran.
Por eso, quisiera cerrar estas líneas con la idea que fue fuente de inspiración y propósito. Mientras no tengamos referencia política desde la izquierda, pensada como un sujeto colectivo complejo, pluricultural, y representante de las ideas del campo popular y defensor de los derechos de los desoídos de siempre, votemos en contra de Mauricio Macri. No es lo mismo sino está y es muy grave si sigue estando. No sólo porque ni siquiera se cumplió su mito de “buen gestor” sino porque estaríamos comprando una vez más un producto digno de cualquier supermercado de barrio. Y para seguir comprando con los ojos ya tenemos demasiado, no?  

lunes, 27 de junio de 2011

Los barrabravas de la palabra


El fútbol argentino sufrió en estos días uno de los cimbronazos más fuertes de su historia. El club más ganador  en el ámbito local descendió por primera vez en sus 110 años de vida. Ese hecho que llevará tiempo en ser asimilado ya dejó huellas, marcas o como se las quiera llamar en lo más hondo de este querido deporte. Exentos y fanáticos conocen, unos más y otros menos, todo lo que rodea a esta tan entrañable pasión. “Que la pelota no se mancha”, “que Bilardo gano todo, entonces Menotti no sabe nada”, “que Messi no ganó nada con la selección por eso todavía no es más grande que Maradona”, etc.  Eufemismos de un mundo, sistema, y sociedad moderna que cada día más, premia a quienes “triunfan” y castiga a los “derrotados”.
Lejos está de mi propósito hacer aquí un planteo moral y ético de los hechos ocurridos en el Monumental. Sin embargo, hoy más que nunca me parece necesario parar la pelota (?).  Quienes me conocen saben de mi abrazada afición hacia el club de la Ribera. Ahora bien, esa particularidad no me impide reflexionar acerca de lo acontecido.
Es cierto, uno muchas veces va por la vida así como si fuera algo que se desliza por el aire sin preguntarse mucho el porqué de tantas cuestiones. Es un hecho o momento ante el cual deberíamos rebelarnos continuamente, sin embargo no siempre así sucede. Y que tiene que ver esto con el fútbol? Mucho.
De un tiempo a esta parte quienes amamos esta disciplina nos fuimos familiarizando con la idea de que los denominados equipos grandes no ganen un título local hace más de dos años, que su fútbol ya no respete la historia que sus camisetas representan, y hasta que empiecen a mirar la tabla del descenso, y otros menesteres. Así todos esos miedos, incertidumbres y momentos impensados llegaron a la cima (?). El fútbol argentino encontró en River Plate la máxima expresión del deterioro. Un club desvastado, una deuda económica enorme pero sobre todo otra gigantesca en el plano futbolístico.
De esta manera, fue que después de aquella recordada fecha 14 me dispuse a seguir los encuentros de los dirigidos por el villano JJ (?). Poco a poco, empecé a recordar que mal se podía jugar a la pelota, que escasas son las relaciones que el fútbol tiene con la lógica, y cuantas con lo pasional, con lo anímico, con lo psicológico.
Domingo a domingo, me encontré sentado frente a la caja boba siguiendo el recorrido de un camino que semana a semana era más irremontable. Espié los foros, escuché relatos, leí la prensa –la amarilla y la otra- (?). A este ritmo fue creciendo una sensación extraña, de pesar, de no querer que suceda lo que al fin pasó este último fin de semana. Pero en definitiva, susceptibilidades y contradicciones al margen, hubo algo que me atrapó aún más y que me llevó a, por primera vez en mi perra vida, encontrarme sentado escribiendo acerca de River Plate.
Nobleza obliga, debo decir que es más que eso. Hoy y, en verdad, hace ya un tiempo tengo ganas de dedicarle unas líneas al periodismo. A ese que desde que no tiene los derechos para transmitir los partidos de Primera División se pasa horas enteras jugando al fútbol tenis o bien hablando cada vez más de las intimidades de los jugadores, de si Riquelme es buen tipo, si Forlán patea en contra (?), si Batista y Tévez están enemistados, etc.
Con los ojos y los oídos puestos en estos secuaces traté de seguir cómo los medios más influyentes contaban lo que le pasaba al equipo de Nuñez. Así, el día que este fue sentenciado a jugar la promoción, un amigo me dijo: “escuchaste el relato de Costa Febre?”. Allí el mítico (?) relator contaba: “jugadores falopa, jugadores que no están a la altura de esta camiseta”[i]. Me sorprendí, ingenuamente me sorprendí. A pesar de ello y no conforme con estas palabras fui en busca de más y al día siguiente compré el diario deportivo más vendido del país. Si, ese mismo que el día que Vélez saliera campeón prefirió poner en tapa la despedida de Palermo (en una clara muestra de sus decisiones de mercado más notorias). En la edición del día “D”[ii] Leo Farinella, fiel representante de estos barrabravas de la palabra, además de acusar a Pasarella de falopero, cerró su profundo análisis con una cita para el recuerdo: “Hace unos días murió mi perrita Labruna. No se llamaba así por casualidad. Lloré y lloro mucho su ausencia, pero evidentemente ella no quería verme así por River”.
Finalmente, el domingo cuando repasaba y consumía todas las imágenes y los noticieros acerca del triste final riverplatense, sentí indignación una vez más con el “programa” de Alejandro Fantino donde no solo la barbarie aflora en la piel de cada uno de sus energúmenos sino que además se daban el “lujo” de hablar de un policía muerto sin siquiera haber chequeado las fuentes.
¿Adónde voy con todo esto? Me parece lamentable lo que pasó con River Plate. Pero no sólo porque se pierde, por lo menos por un tiempo, buena parte del folclore futbolístico nacional (¡con tan solo pensar en el superclásico!) sino por la gravedad de los barrabravas de periodistas que incitan a la violencia continuamente. Que agitan como lo podría hacer cualquier hincha de fútbol devenido en borracho de tablón o cualquiera de sus semejantes. ¿Quiénes son estos tipos? ¿Quién les paga para que fomenten escenas como las que se vivieron en Nuñez? Para que después pongan en la gráfica del programa: “violencia en el fútbol, los inadaptados de siempre”.
Creo que ni yo ni ningún ser racional espera que estos tipos pregonen el cambio social ni reivindiquen la patria socialista pero sí que, al menos, se dediquen a informar, a hablar de fútbol. A tratar de dar las razones de porqué River llegó a esta instancia y no solamente detenerse a pedir la cabeza del presidente. No solo porque de algunos es muy evidente el clima destituyente que quieren instalar sino porque deberían ejercer sus “profesiones” reconociendo las particularidades de la sociedad en la que viven, el valor cultural que tiene el fútbol para mucha gente, y por ende el riesgo grande que implica actuar solamente como agitadores.